
Llega a mis oídos
un canto fuerte y grave,
como un millar de ángeles
que cantan al unísono.
Siempre de azul,
o verde, acompañada de blanco,
y en la noche
se viste con un negro de gala.
Canta y se mueve serena,
a veces agitada,
y me invita a acompañarla
en su baile, su canto... sus besos.
seducido por su belleza
me aproximo a tocarla
Tan húmeda... Tan fresca...
Sus pálidos besos
recorren mi cuerpo.
Su negro de noche
ahora me abraza.
Cierro mis ojos,
levanto su vestido.
Su cuerpo me envuelve,
me acaricia... me besa...
Yo sin ropa
ella desnuda
ambos bailando,
ambos amando.
Miles de niños azules
y una gran mujer blanca
nos observan desde lo alto.
Y yo bailo, canto... amo...
Caracolas se enredan a mis cabellos,
ella golpea con fuertes besos.
Y nos amamos
Locamente,
apresuradamente,
lentamente.
Luego parto ¡Debo partir!
y me alejo timidamente.
Con dolor
le doy mi espalda.
Sus brazos y piernas,
abnegadas, me dejan.
Extiende su mano
me quiere seguir tocando.
yo lagrimeo
no volteo,
no puedo,
no debo...
Ya estoy más lejos
y en un último esfuerzo
se acerca violentamente
y mi espalda recibe
su beso de sal.
¡Adiós Amor mío!
Volveré otro día,
para bailar, cantar... amar...
y me alejo,
suavemente me alejo,
dejando húmedas huellas
en el camino del recuerdo.
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